El sistema financiero costarricense (entendido por las instituciones que captan depósitos1) ha cambiado más en la última década que en
los veinte años anteriores. La digitalización acelerada, las nuevas dinámicas de liquidez, un crecimiento económico desigual, la presión regulatoria, la consolidación del sector y la transformación silenciosa de la estructura productiva han redefinido por completo su funcionamiento.
Este libro analiza el periodo 2014-2024 con una idea central: el sistema financiero costarricense sigue siendo estable y robusto, pero enfrenta desafíos estructurales cada vez más complejos. El entorno macroeconómico cambió, la regulación se volvió más exigente y persisten distorsiones legales que condicionan la rentabilidad y, en última instancia, el rumbo futuro de la intermediación financiera.
El punto de partida es el entorno macroeconómico. Aunque el crecimiento promedio de la economía fue satisfactorio, no se tradujo en
mayor demanda de crédito, ni en un fortalecimiento del ingreso disponible. El régimen definitivo perdió dinamismo; las zonas francas
aumentaron su peso hasta 13,6% del PIB; y la correlación entre el ciclo económico y la intermediación se debilitó. Como resultado el crédito dejó de expandirse a tasas de doble dígito y pasó a crecer menos del 2% en 2023.
A esto se suman cambios estructurales en el mercado laboral y la demografía. Menor tasa de participación, informalidad persistente y un
envejecimiento acelerado reducen la base futura de clientes, encarecen el riesgo y exigen estrategias distintas para sostener la inclusión financiera y la profundidad del sistema. La inflación baja o negativa desde 2023 elevó las tasas reales, afectó el crédito y puso a prueba la efectividad del régimen de metas de inflación, que ya estaba afectado por la transmisión lenta de la tasa de política monetaria (TPM) y un entorno financiero estructuralmente restrictivo.
El análisis muestra también un sistema que se vuelve más pequeño en número de jugadores, pero no menos competitivo. Bancos, cooperativas y financieras han enfrentado presiones por eficiencia, digitalización, rentabilidad deprimida y regulación más exigente. Esto
ha llevado a procesos de consolidación, nuevos modelos operativos, menor número de sucursales y un desplazamiento hacia tecnologías
que reconfiguran la intermediación. La concentración de activos no implica menor competencia, pero sí un riesgo: la necesidad de economías de escala está empujando al sistema hacia un mapa distinto, y no todos los intermediarios están preparados.
Al observar la composición del crédito, el giro hacia consumo y vivienda muestra que las familias fueron el amortiguador del sistema
durante años, pero también el principal foco de vulnerabilidad. Cuando los ingresos crecen poco y la población envejece, la morosidad y la capacidad de pago se vuelven frágiles. Por otro lado, las micro, pequeñas y medianas empresas (PYMES)2 siguen enfrentando barreras estructurales para acceder a financiamiento y el financiamiento externo domina cada vez más en sectores estratégicos como zonas francas.
A nivel internacional, las tendencias son claras y merecen análisis. Entre ellas se mencionan: la consolidación del sector, la dependencia creciente de la tecnología, la mayor exposición al fraude digital, las nuevas amenazas de liquidez y los riesgos emergentes como los criptoactivos, la ciberseguridad y la interdependencia operativa. Costa Rica no es inmune. Estos temas no son teóricos: requieren ser discutidos en juntas directivas, comités de riesgo y planes estratégicos.
La conclusión principal es sencilla, pero incómoda: el sistema financiero costarricense es robusto, aunque opera en un país, un mundo y
un ciclo productivo que ya no se parecen a los de hace diez años. La credibilidad, la confianza y la gestión de riesgos seguirán siendo el corazón del negocio; sin embargo, hoy deben complementarse con una lectura más fina del entorno, una visión estratégica más ágil y una capacidad real para anticipar cambios y adaptarse a ellos.
Este libro aspira justamente a eso, ofrecer una fotografía completa de dónde estamos, qué cambió y hacia dónde nos dirigimos. Más que
describir el pasado, busca convertirse en una herramienta para que quienes toman decisiones en el sistema financiero puedan anticiparse,
no simplemente reaccionar. Aun así, queda un camino por recorrer. Hacia adelante será necesario profundizar en el análisis del resto del ecosistema financiero como la intermediación bursátil, los fondos de inversión, los seguros y los fondos de pensiones, segmentos que también condicionan la estabilidad y el desarrollo del sistema en su conjunto.
