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H ace algunos meses se han puesto en marcha algunos programas, con la participación del sector privado y de público dignas de encomio. Tres de ellas son de importancia significativa para el país.

Un grupo importante de empresas han adoptado la política de “pobreza cero”. El objetivo del programa consiste en erradicar los casos de pobreza que existan entre los trabajadores de la empresa, en un plazo determinado. Para alcanzar esta meta requiere, primero, llevar a cabo un diagnóstico para determinar los empleados (y sus familias) que ha abarcar el programa. Un tema de especial importancia es la metodología utilizada para hacer este diagnóstico. En efecto, no solo se necesita información relacionada con el ingreso, si no también un enfoque multidimensional, es decir incluir además del ingreso, otros criterios como la empleabilidad de los miembros de la familia, la vivienda, el cuido de los niños, el estado de la salud, la situación de miembros discapacitados de la familia o de adultos mayores, entre otros.

Se busca mejorar el nivel de vida. Así, la metodología multidimensional, se debe adoptar en cada una de las empresas participantes en el programa. Se consolida así una alianza público – privada en la cual se combinan los recursos públicos, con los de las empresas y de las asociaciones solidaritas.

Después de algunos titubeos el programa llamado de educación dual ha dado sus primeros pasos. Una de las principales empresas del país y el INA echaron a andar un programa específico en el campo de la hotelería. La enseñanza académica se lleva a cabo en las instalaciones de INA en Santa Cruz y la capacitación práctica se hace en la empresa. Por otra parte, el Ministerio de Educación Pública inicia en el próximo año escolar un proyecto piloto. Se han escogido cinco colegios de enseñanza secundaria, como un esfuerzo inicial para adquirir la experiencia necesaria para expandir posteriormente el programa. En ambos casos se trata de alianzas públicas – privadas.

Varias empresas dedicadas a la producción de implementos médicos, han aunado esfuerzos para establecer un programa de capacitación de sus nuevos empleados. De esta manera, los trabajadores podrán desempeñar ocupaciones mejor remuneradas y la empresa podrá aumentar la productividad. Así, todos ganan.

Estos casos que se acaban de mencionar y muchos otros semejantes seguramente existentes en el país, deben apoyarse, sin duda.

Estos esfuerzos “pequeños” hoy – luces al final del túnel – deben multiplicarse, para que mañana lleguen a representar un movimiento de ámbito nacional. Por el momento es un esfuerzo incipiente, son los primeros pasos de un largo camino lleno de obstáculos. Lo importante consiste en atreverse a dar esos primeros pasos, tomar la decisión de asumir riesgos, de transitar por veredas desconocidas, resolver problemas, aprender de errores, dejar la modorra de lado y arremangarse las mangas y salir de la zona de confort. Para ello es indispensable la participación decidida de las empresas, de las asociaciones solidaristas, así como del INA, debidamente remozado y de las instituciones de enseñanza, tanto pública como privada.

Articulo original de CRhoy

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