El alza del dólar y sus interrogantes

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S in duda alguna, el abrupto aumento en el precio del dólar es quizás el acontecimiento económico más importante de los últimos días. Si bien el precio del dólar venía creciendo en las semanas anteriores, lo sorprendente ha sido el fuerte incremento en unos pocos días. La noticia ha causado preocupación en círculos políticos y empresariales, los cuales dirigen sus miradas hacia el Banco Central de Costa Rica (BCCR) buscando explicaciones sobre lo ocurrido.

Con el fin de tranquilizar a la opinión pública, el BCCR anunció que cuenta con los recursos necesarios, léase dólares, para intervenir en el mercado cambiario para amortiguar violentas fluctuaciones en el precio del dólares. Y de hecho, intervino esta semana vendiendo poco más de 100 millones de dólares. Al parecer la intervención tuvo un efecto positivo, pues el tipo de cambio moderó la tendencia alcista que traía. Sin embargo, quedan varias interrogantes: la desaceleración cambiaria será permanente, o pasajera?, cuál es el tipo de cambio “de equilibrio”, es decir, hasta dónde intervendrá el BCCR? Será una intervención breve para que el tipo de cambio quede en 600 colones por dólar? O será más agresiva para que el tipo de cambio retorne a niveles por debajo de 600? Determinar cuál es ese nivel “de equilibrio” es la gran pregunta, y posiblemente no se tenga una clara respuesta.

La otra interrogante es qué causó ese cambio abrupto en tan poco tiempo? En principio, podría decirse que obedece a factores externos, como el alza en el precio internacional del petróleo o por una salida de capitales a causa de las políticas anunciadas por el Presidente Trump. Sin embargo, lo primero no parece hacer sido tan fuerte y sobre lo segundo no se constata evidencia de salida de capitales en montos importantes. Lo que estaría sucediendo es que los inversionistas están comprando más dólares en el mercado interno con sus colones, es decir, estarían acumulando dólares. Surge otra pregunta: para qué?

La teoría económica acuñó hace un tiempo el término expectativas racionales. Explica cómo la gente, actuando en forma sensata, modifica su comportamiento en respuesta a cambios de política. Se podría pensar, de acuerdo con ese concepto, que la gente ya no espera que ocurran mayores cambios en lo que resta del presente Gobierno, en materia de mayores impuestos o recorte del gasto público, por ejemplo, de manera que anticipa un panorama fiscal complejo en el 2018: tasas de interés más elevadas en colones por el déficit fiscal, mayor inflación por alzas en el precio de combustibles y materias primas importadas, lento crecimiento de la producción y alto desempleo. Ante estas circunstancias, la gente busca un mecanismo de protección en la acumulación de dólares, por si acaso.

El problema con esas expectativas racionales es que pueden pasar de expectativas a realidades, precisamente porque la gente, por un efecto contagio o imitación, se comporta como previniendo una eventual crisis, la cual puede efectivamente materializarse. Sería el caso de una autoprofesía cumplida. Permitir que ese efecto se perpetúe y consolide en el tiempo es peligroso, por lo cual es importante romperlo de alguna manera. Acá entra el tema de la credibilidad en las instituciones. Ello incluye al BCCR, al Ministerio de Hacienda y a organismos políticos donde se toman decisiones, como la Asamblea legislativa. La prudencia aconseja no precipitarse, no tomar decisiones apresuradas que después no puedan revertirse, y dar el beneficio de la duda de que las instituciones pueden retomar el control sobre la situación, siendo transparentes, dando a conocer cuáles son las reglas del juego para que la gente sepa a qué atenerse y acomodarse. El hermetismo, las falsas expectativas y la desconfianza son contraproducentes en un mundo de expectativas racionales.

Articulo original de CRhoy