

Me volvió a pasar, esta vez en Canadá. En una reciente visita a ese amigable país, entre las personas que interactuaron conmigo hubo quienes indagaron de dónde venía y al escuchar "Costa Rica", respondieron con una sonrisa. Contaban que habían venido al país, querían visitarlo o tenían conocidos que les habían hablado maravillas de esta tierra. Algunos se despidieron con un "pura vida". Ninguno mencionó nada negativo sobre sus visitas pasadas o futuras. En estos viajes, uno casi espera la pregunta "¿de dónde eres?" para sacar el "as bajo la manga".
Tenemos una imagen insuperable en el exterior. Sin embargo, esa imagen externa contrasta con la percepción de temor y ansiedad por la inseguridad de quienes vivimos en la GAM o en algunas ciudades costeras. Esta dicotomía se observa en numerosos datos y es importante reconocerla.
Costa Rica es un éxito. Cualquier persona que diga "el país es un fracaso", "estamos en el despeñadero" o "perdimos el país" necesita revisar sus datos. Más bien, Costa Rica se parece a una buena estudiante: ha hecho bien sus tareas y pasa los "exámenes" de fin de año con excelentes calificaciones.
Sus resultados están a la vista: aparecemos como el sexto país donde la gente es más feliz en el mundo (World Happiness Report 2025), como el quinto país en América con mejor índice de progreso social (Social Progress Index 2025) y como el sexto con mejor desempeño ambiental del continente (Environmental Performance Index 2024).
Para quienes consideran subjetivos estos índices de felicidad, sociales y ambientales, basta revisar los datos económicos para ver que Costa Rica destaca como "una mañana soleada" en medio de una región latinoamericana con muchos nubarrones.
Durante los últimos tres años, entre 2023 y 2025, la economía costarricense creció por encima del 4%, y para 2026 el BCCR proyecta un crecimiento del 3,6%. En contraste, en ese mismo lapso, las economías de América Latina crecieron en promedio entre un 1,7% y un 2,3%, y para este año la CEPAL prevé un crecimiento regional cercano al 2,3%. En otras palabras, Costa Rica ha crecido casi al doble que el promedio de la región.
Si observamos la pobreza, el panorama también ha sido positivo. Según el Banco Mundial, al medirla como el ingreso por debajo de $6.85 (PPP) por día, Costa Rica es el tercer país menos pobre de la región, con un 12,7% de personas por debajo de esa línea y una tendencia decreciente; Chile y Uruguay lideran la región. En cuanto a la desigualdad, esta es la única dimensión en la que el país no sale tan bien calificado, con un coeficiente Gini de 0,458. Aun así, esta cifra es mejor que el promedio de América Latina, de 0.491 —donde un número mayor indica más desigualdad— y desde 2020 ha mostrado una tendencia positiva, al reducirse de 0,492 a 0,458 (Banco Mundial).
Anecdóticamente, les he dicho a mis hijos desde que eran niños que, para saber si un país es un mal lugar para vivir, basta observar si "exporta gente". Por el contrario, si es un "importador neto" de personas, entonces es la mejor indicación de que es un buen lugar. Y aquí Costa Rica también sale bien parado.
Recientemente, durante la visita de Marco Rubio, él se refería a los problemas de varios países de la región que generan migración hacia los EE.UU. y señalaba que nuestro caso era contrastante porque "hay más 'americanos' viviendo en Costa Rica que costarricenses viviendo en Estados Unidos".
Ahora bien, esa buena estudiante también es víctima de violencia doméstica. Sus buenos resultados contrastan con la percepción de ansiedad y temor que viven muchos costarricenses debido a la inseguridad, causada principalmente por la industria del narcotráfico y sus actividades conexas. En 2024, la tasa de homicidios por cada 100.000 personas fue de 16,7, mientras que el promedio para la región fue de 20,2 (Insightcrime.org).
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) estima que 7 de cada 10 homicidios están relacionados con el narcotráfico o con ajustes de cuentas (Randall Zúñiga, 2023). Aunque esta cifra es inaceptable, al menos no ha aumentado en los últimos tres años.
Yo propondría una estadística que sume los homicidios con los suicidios. En este último apartado sí estamos mejor que el promedio mundial, con 8,1 suicidios por cada 100,000 personas, mientras el promedio mundial es 9,2; en Europa es de 12,4 y en EE. UU. asciende a 15,6 suicidios por cada 100.000 habitantes. En mi humilde opinión, un suicidio es igual de violento que un homicidio.
En fin, vivimos en un buen país, pero atravesamos una epidemia de violencia que no puede minimizarse ni ocultarse. Detrás de estas cifras hay mucho dolor, vidas truncadas y familias afectadas. Precisamente porque este problema aún puede enfrentarse, se vuelve indispensable una ciudadanía activa y responsable, atenta al rumbo que tomen las decisiones y acciones del próximo gobierno.
La democracia implica votar y más. Me siento privilegiado de vivir en un país democrático, concretamente el número 18 del mundo en cuanto a democracia (EIU 2024), el segundo de Latinoamérica y uno de los apenas 25 países del mundo considerados democracias plenas según The Economist Intelligence Unit. Ese privilegio se lo debemos a las generaciones que nos antecedieron, y siento el deber de cuidarlo y protegerlo. Como mínimo, siento el deber irrenunciable de ejercer una ciudadanía activa y responsable.
En particular, creo que este 2026 puede ser el año en que Costa Rica decida apalancarse en sus fortalezas y revertir sus debilidades. La participación y el interés ciudadano demostrado en las elecciones son causa para ser optimistas. El abstencionismo disminuyó de 40,0% en 2022 al 30,9% el pasado 1 de febrero, según el último corte disponible del Tribunal Supremo de Elecciones, con 96,9% de las mesas procesadas.
Quiere decir que a los ticos sí nos importa el país, su democracia, y estamos dispuestos a participar. Pues bien, para no perder este valioso interés, evaluemos con atención las propuestas que se nos presenten en el debate público. No nos dejemos llevar solo por redes sociales, influencers o apariencias. Escuchemos qué se plantea frente al problema de la inseguridad y su causa subyacente: la educación. Además, revisemos las propuestas en salud, infraestructura y cualquier otra área que nos interese.
Tras las elecciones, tomemos conciencia de que la democracia supone mucho más que sólo votar. Implica pasar de ser un "cliente" del Estado "papá" a convertirnos en socios de nuestras comunidades. Aprovechemos este momento para involucrarnos más activamente en algún proyecto comunal y fomentar así la participación ciudadana y la contribución a la sociedad.
Al final, está comprobado que la satisfacción de dar es mucho mayor que la de recibir. Si hacemos esto, quizás las opiniones de los costarricenses se parezcan cada vez más a las de los canadienses.
Las opiniones expresadas son del autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de la Academia de Centroamérica, su Junta Directiva ni sus Asociados(as).
Publicación original en CR Hoy.