Crédito para la reactivación

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E l crédito es un determinante importante para el crecimiento económico. En el sistema financiero, las principales unidades de negocio de las entidades se dividen entre el crédito para empresas y el crédito para personas, que suele incluir préstamos para vivienda, consumo y tarjetas de crédito.

Ambos tipos de crédito atienden necesidades importantes. En la última década, se ha observado como los créditos para personas se incrementaron hasta representar cerca del 60% del total, influenciado principalmente por los créditos prendarios, préstamos personales y tarjetas de crédito.

Lo anterior, explica en gran parte el crecimiento acelerado que se ha dado en el endeudamiento de los costarricenses, donde según el Banco Central, la deuda promedio de una familia es 8.5 veces más alta que su ingreso, llevando a que las cuotas mensuales de los créditos representen hasta el 65% del total del ingreso, cuando los estándares rondan entre el 35% y el 40%.

Desde 2019 las autoridades promovieron una serie de reformas para acelerar el crecimiento del crédito y contribuir a la economía. Por ejemplo, se redujeron los porcentajes de encaje mínimo legal en colones y se ha dado un proceso gradual hacia menores tasas de interés, aunque estas no necesariamente han llegado a los clientes.

Estas medidas no fueron suficientes para incrementar la demanda de crédito de forma relevante, dejando a las entidades con amplios niveles de liquidez, con lo que muchas de estas, prefirieron reestructurar su pasivo por uno menos costoso, o bien, incrementar sus posiciones de inversiones.

Ante la pandemia, se han dado 2 tipos de medidas para intentar promover el crédito y reducir el endeudamiento:

a. Transitorias. Los reguladores relajaron condiciones crediticias, para que las entidades puedan atender positivamente a los clientes afectados, y si es posible, reactivar sus negocios. Estas medidas fueron un contingente necesario, pero persiste la incertidumbre del rumbo de la regulación una vez que se terminen los transitorios de las mismas, y las entidades deban enfrentarse al mismo marco regulatorio que tenían antes de la pandemia.

b. Permanentes. Recientemente se aprobó un proyecto de ley, donde 2 de los principales temas han sido el tope a las tasas de interés y la imposibilidad de otorgar créditos a personas que no ganen más de cierto monto como salario líquido. Los primeros efectos han sido los esperados, donde las entidades han optado por salirse de este segmento del mercado y excluir financieramente a estos clientes, que además siguen endeudados y en un momento donde muchos requieren liquidez.

El sistema financiero se enfrenta a dos retos, contribuir a la reactivación de la economía y hacerlo de forma responsable sobre el endeudamiento de la población.

Hasta hoy, ninguna entidad financiera al otorgar créditos lo ha hecho con toda la información sobre las deudas de los potenciales clientes, pues la fuente de información del regulador solo tiene el detalle de las deudas de estos en entidades reguladas, dejando por fuera otras empresas importantes como las casas comerciales, asociaciones solidaristas y cooperativas no financieras. Es fundamental que el regulador centralice toda esta información en una única plataforma de consulta para toda entidad que ofrezca créditos. Las entidades han estado subestimando el riesgo real de sus clientes, porque no tienen forma de corroborar su endeudamiento real. Asimismo, también debe centralizarse la información de la oferta crediticia, que facilite a los clientes comparar entre entidades y permita tomar mejores decisiones.

Lo anterior, podría complementarse con reformas estructurales, muchas incluso ya advertidas por la OCDE pero que no dependen del sistema financiero, como reducir la tramitología, promover los emprendimientos con campañas de financiamiento para sectores específicos y a través de figuras como las titularizaciones para las empresas, formadas en un 95% por Mipymes. Muchos de estos temas se tienen claros y están en agenda. No hay tiempo para perder.

Es posible que, reduciendo asimetrías del mercado, como la falta de información, la incertidumbre regulatoria y promoviendo una mayor competitividad al parque empresarial, la estructura del crédito se ajuste hacia actividades empresariales rentables y dinámicas que contribuyen al crecimiento económico, la generación de empleo y la mayor capacidad de compra de las personas, permitiendo también atender sus necesidades de consumo.


Contacto: pedroam69@hotmail.com

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Articulo original de crhoy.com