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E l COVID-19 no tiene destierro cercano. Sus consecuencias están incidiendo, y será así por largo tiempo. Los daños ya duelen, lo peor aún no llega. Es imperioso acatar las medidas sanitarias y que la ciencia descubra la medicina. La educación, turismo (declarado en temporada cero), agricultura, Pymes, en general, en todos los eslabones de la economía, hay daños. Por eso, lo extraordinario no se aborda con lo ordinario.

Comisión. Así de claro: el gobierno por sí no tiene la capacidad para encarar los efectos de este flagelo. Éste debió convocar hace bastante tiempo una comisión del más alto nivel posible que ayude a buscar las vías y formas para paliar esos efectos y consecuencias, con medidas de cambio estructural, ajustes en políticas públicas, entre otros. Esa línea de acciones serán para empezar un proceso que tomará años, que nos permita recuperar en lo posible, los niveles de productividad y de crecimiento del que país gozó antes de Covid-19; de fortalecimiento en programas sociales que deben atender el ya de por sí precario índice de desempleo, la cantidad de familias en pobreza que aumentará, o el crecimiento de la informalidad.

El grupo debe ayudar en el análisis mesurado de los hechos; ser lejano de cualquier agenda política, que ayude a plantear medidas en el Gobierno, como en la misma Asamblea Legislativa que debería tomar las solicitudes de reformas de leyes o creación de nuevas, con sentido país.

Integración. Profesionales de reconocido prestigio moral e intelectual, en los campos de la economía, finanzas, derecho, ingeniería, etc., así como representantes del sector privado, en esos campos donde más está golpeando la pandemia, y desde luego, representantes del Ejecutivo y del sector descentralizado (banca pública, y otros), han de conformar esta comisión. Las fuerzas políticas en Asamblea Legislativa deben sentarse en esta mesa como atentos observadores que luego serán eco honesto en recomendaciones que les tocase implementar. El proceso de puesta en común de los resultados y las recomendaciones debe ser técnico. Acá no cabe que intereses políticos, del típico cálculo electoral, se asomen.

Ocde. El secretario general de la Ocde, Ángel Gurría, a propósito de la pasada cumbre virtual del G20, comentó que las estimaciones muestran que el confinamiento afectará directamente a sectores que representan hasta un tercio del PIB en las principales economías. Un mes de contención significa una pérdida de 2 puntos porcentuales en el crecimiento anual del PIB. Y, en efecto, ello es así. No hay país con pandemia, que se salve. En lo vertical y horizontal de las cadenas de producción de bienes y servicios, hay afectación. En sector turismo, por ejemplo, somos testigos de las consecuencias actuales; playas y fronteras con limitaciones. Sin duda, muchas economías entrarán en recesión.

Se debe luchar contra el virus, con gran sentido de responsabilidad. A la vez, ir regresando a la normalidad. Entre más pronto se controle el virus, es mejor. Para ese momento, debemos estar en implementación de medidas no propias de un momento de crisis como el actual, sino ya de recuperación.

Agenda. Esa comisión deberá ocuparse de a. Cómo recapitalizar el sistema sanitario y epidemiológico, del que damos fe está dando respuesta, pero a un alto costo. En este sector se debe pensar seriamente, en cerrar la brecha con los actores privados. No más esa frontera de ver en lo privado, simples vendedores de bienes o servicios; pasar a fomentar reales alianzas público privadas; b. Revisar y ajustar la política monetaria, fiscal y lo que esto supone en lo estructural; la aún joven reforma fiscal, tan seriamente afectada por la misma Asamblea Legislativa, no logrará mostrar sus resultados en los tiempos previstos, de hecho, temo que nunca lo hará. El daño es de tal nivel, que debemos aceptar un riesgo altísimo de seguir el camino al despeñadero fiscal, con una balanza que no da para seguir esa irresponsable vía del endeudamiento, sin recursos para más que pago de salarios, con casi nulo margen para la inversión; las restricciones comerciales, deben ser revisadas, para lograr mercados más competitivos; en este caso, se estima en al menos 25% de impacto en desaparición de medianas y pequeñas empresa, algo muy negativo en competencia; y ni qué decir de los miles de nuevos ex trabajadores que alimentan el desempleo, así como el trabajo informal. Si se ocupaba un momento para una gran transformación en el país, pues éste llegó.

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Articulo original de crhoy.com