

L a libertad, como explicó el pensador francés Alexis de Tocqueville en el siglo XIX, se establece generalmente con dificultad en medio de tempestades, se perfecciona por medio de discrepancias civiles y sus beneficios se aprecian solamente después de que ha estado ahí mucho tiempo.
El pasado 10 de diciembre, Javier Milei fue juramentado como presidente de Argentina. En su primer discurso presidencial, pronunciado en las escalinatas del Congreso, habló del inicio de una nueva era, caracterizada por abrazar las ideas de la libertad y el rompimiento con más de 100 años de políticas que han generado pobreza, estancamiento y miseria.
El nuevo presidente argentino fue claro al señalar que asume el cargo en medio de tempestades, desde su perspectiva, las peores que ha enfrentado el país en su historia. Varios años de irresponsabilidad en el manejo fiscal—financiados con deuda, emisión monetaria e impuestos—han llevado al país a una situación insostenible desde una perspectiva económica y social.
Los ajustes necesarios e impostergables, tal y como lo explicó Milei, no podrán ser graduales, serán de shock. Estos ajustes incluyen, entre otros, un ajuste fiscal de unos 5 puntos del PIB, principalmente por el lado del gasto del Estado, el encontrar una solución para lidiar con los pasivos remunerados del Banco Central, la eliminación del cepo cambiario y el hacer frente a la enorme deuda pública heredada.
Los primeros pasos en el camino de Argentina para recuperar la libertad serán dolorosos. El mandatario no ocultó en su discurso el impacto negativo que tendrán los ajustes, en el corto plazo, en la actividad económica, el empleo y el poder adquisitivo. Una verdadera muestra de valentía, tomando en consideración que se parte de una situación en la que la pobreza afecta a casi la mitad de los argentinos, de acuerdo con las cifras que presentó.
A pesar de que el nuevo gobierno llega al poder gracias a una contundente victoria electoral y, por lo tanto, cuenta con un mandato claro para avanzar en sus propuestas para recuperar la libertad, resulta imposible ignorar el hecho de que las discrepancias civiles a las que hizo referencia Tocqueville no tardarán en llegar. En ese sentido, no se puede subestimar la dificultad de lograr los acuerdos necesarios para aprobar reformas profundas en un Congreso con poca representación del partido de gobierno y de aliados que hicieron público su rechazo a algunas de las propuestas del hoy presidente durante el proceso electoral. A lo anterior debe sumarse la oposición esperada a iniciativas de recortes de gasto público por parte de los grupos que se acostumbraron a vivir del Estado.
El desafío final, regresando a de Tocqueville, pasa no solamente por establecer y perfeccionar la libertad, sino por lograr que permanezca ahí mucho tiempo para que sus beneficios puedan ser apreciados. En nuestra región, abundan los casos de países que perdieron su libertad, pero son muy escasos los casos de países que la recuperaron y mantuvieron. Esperemos que el camino que recorrerá Argentina durante los próximos años para recuperar la libertad pueda convertirse en un caso de éxito del cual toda América Latina pueda extraer lecciones valiosas.
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Publicación original en crhoy.com (20/12/2023)