El ICE versus la Empresa de Servicios Públicos de Medellín

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H ace unos años di una charla a altos ejecutivos de telecomunicaciones del ICE, sobre el tema del servicio al cliente. Yo les dije en ese momento que si no se salían de la mentalidad monopólica bajo la cual el ICE se había creado, no sobrevivirían al cambio tecnológico que se venía. En ese momento les recomendé a esos ejecutivos, que voltearan la mirada hacia Colombia, y aprendieran de cómo lo hace la Empresa de Servicios Públicos de Medellín, EPM. Esto por cuanto ambas son empresas públicas, de tamaños comparables, y de una edad parecida. Una vez escuché al Gerente General de EPM, y su discurso era lo que uno esperaría escuchar de un CEO de una empresa que cotiza en bolsa.

La única diferencia era que, cuando este señor se refería a sus accionistas, sólo mencionaba a uno, el municipio de Medellín, y alardeaba que año a año pagaba varios cientos de millones de dólares de dividendos, a la ciudad. Espero que no sea demasiado tarde, pero creo que la comparación sigue siendo válida.

A continuación, hago un brevísimo análisis de los números de ambas entidades.

Para efectos de comparación he tomado los balances auditados de ambas empresas, y los convertí a dólares al tipo de cambio de cierre del año 2018, de manera que los números en dólares son tan solo una aproximación para efectos de análisis.

En el cuadro muestra que EPM es un poco más grande que el ICE, posee un 39% más en activos, un 59% más capital, y factura un 8% más que el ICE. Sin embargo las diferencias abismales las vemos por el lado de los gastos, especialmente en los gastos administrativos y de comercialización, en los que el ICE supera a EPM en 246%.

Como tiene pérdidas, el ICE no paga ni impuesto de renta (más bien generó un crédito a su favor, de $9 millones en 2018). Este año, el ICE afrontó una pérdida de $489 millones de dólares, mientras que EPM dejó una utilidad de $722 millones, y decretó un dividendo de $370 millones de dólares que entregó a la ciudad de Medellín. Durante el 2017 entregó a su ciudad $540 millones. Lamentablemente el ICE no está en una posición como para generar dividendos.

Pero las diferencias no paran ahí, desde que uno ingresa a los sitios web de ambas entidades, encuentra que el sitio de EPM ofrece informes anuales de Gestión, de Gestión Social y Ambiental, y de Gestión Financiera. En el ICE la información es menos relevante, y aún no hay informes de gestión ni una memoria del 2018.

Curiosamente ambas entidades son auditadas por la misma firma internacional de auditoría, y cuando uno lee el informe auditado de EPM la opinión es lo que se conoce como una opinión “limpia”, únicamente hacen mención a un párrafo de énfasis para que el lector esté advertido que debido a un desastre natural producido por un deslave reciente que taponeó un túnel de uno de los proyectos hidroeléctricos, aún no se han podido determinar todos los impactos financieros derivados de esta situación. La opinión “limpia” de un auditor, básicamente quiere decir que los Estados Financieros reflejan materialmente la realidad. En cambio, cuando uno lee el informe del ICE, la opinión es calificada, también conocida como opinión “sucia”. Es decir, que el auditor deja constancia que los Estados Financieros reflejan la realidad, excepto por… y en el caso del ICE las bases para esa opinión calificada incluyen dos y media páginas de notas del auditor sobre temas que ellos no pudieron verificar, o que no están acordes con las políticas contables del mismo ICE, o con razones financieras (“covenants”) acordados con los bancos. Entre las cosas que no pudieron verificar los auditores hay temas de los inventarios, pruebas de pagos a cuentas por pagar, y saldos de caja y bancos. Además, después de esas excepciones, vienen tres páginas de asuntos claves de auditoría, relacionados con el reconocimiento de ingresos, beneficios a empleados, provisiones y pasivos contingentes, que requieren altos elementos de juicio acerca de las bases de información utilizadas. O sea, que las cifras dependen de esos elementos de juicio. Además, los estados financieros del 2016 y 2017 tuvieron que ser “reexpresados”, esto quiere decir que tenían errores materiales.

En mi opinión, si el ICE fuese una empresa privada y el CEO entrega un informe auditado como el que tienen, inmediatamente sus accionistas pedirían su cabeza y la de los encargados de las finanzas.

Los sindicatos del ICE deberían preocuparse menos acerca de si el gobierno va a privatizar o no al ICE. El ICE como está no podría hacer una emisión de acciones en bolsa, los problemas de gobierno corporativo, las pérdidas que tiene y la falta de claridad en la información harían inviable un proyecto así. Invertirían mejor su tiempo los empleados del ICE exigiendo una gestión profesional, ética y transparente, que les garantice que la institución no vaya a entrar en insolvencia. Lamentablemente las cifras y otras señales que uno ve en su informe de estados financieros son alarmantes. Quizás aún hay tiempo y humildad como para pedir apoyo a EPM.

Comuníquese con la autora a través de pablo@britt.com

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Articulo original de CRhoy