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L a volatilidad en el tipo de cambio presentada en los últimos días es tan inusual que el Banco Central se vio en la necesidad de emitir un comunicado recordándole a la ciudadanía que la misma es normal dentro de un régimen de flotación administrada como el vigente.

Si bien en el último año el tipo de cambio ha tenido variaciones de doce colones (2%), esta se ha dado de manera muy paulatina y en aquellos episodios de mayor volatilidad, al alza, el Ente Emisor ha salido raudo y veloz a reafirmar su compromiso con el nivel de equilibrio del tipo de cambio del momento. En la última ocasión hasta se contrató un préstamo con el Fondo Latinoamericano de Reservas, aun cuando la presión sobre el precio de la divisa reflejaba cambios en las carteras locales de inversión por una equivocada política de tasas de interés en colones.

Esta coyuntura es por lo tanto oportuna para valorar si el nuevo Presidente Ejecutivo del Banco, Rodrigo Cubero, tiene la intención de mantener la política de su predecesor o si más bien estará dispuesto a revisar como la entidad que dirige va a lograr, en sus propias palabras, que “en un contexto de mayor flexibilidad cambiaria, los ajustes en el tipo de cambio sean graduales y ordenados, contribuyendo de esa forma a mejorar el proceso de formación de precios en el mercado cambiario”.

Tres elementos de esta declaración merecen ser discutidos con una mayor atención: flexibilidad cambiaria, gradual y ordenado y mercado cambiario. Empezando por el último, nuestro mercado cambiario está estructurado en dos niveles: en el primer nivel los bancos operan sus propios libros contra sus clientes y al final del día van al MONEX a liquidar las posiciones que exceden los límites que la normativa les impone. Esta estructura de facto limita severamente el papel que los intermediarios pueden desarrollar como “especuladores” en el mercado mayorista y a su vez limita la posibilidad de desarrollar un mercado de derivados que permita bajar significativamente el costo de desarrollar las coberturas deseables para el riesgo cambiario.

A continuación, el concepto de gradual y ordenado tiene como telón de fondo si el precio de la divisa es un precio de equilibrio que responde a las condiciones estructurales de la economía. La medidas más ortodoxas definen este equilibrio en función de la variación en los términos de intercambio del país. Sin embargo, en condiciones coyunturales atípicas, como la crisis fiscal que estamos atravesando, las expectativas de los agentes económicos tienden a desplazar este equilibrio lo cual pone al Banco en una situación sin parámetros claros sobre los cuales fijar sus objetivos de política.

Por último, en lo que a la flexibilidad respecta, existen quienes insisten en que las reglas de intervención del Ente Emisor deberían ser de conocimiento público. Esta condición podría darse en un mercado muchos más líquido y competitivo que el nuestro. Habiendo dicho esto, si sería positivo que el Banco permitiera mucho más volatilidad para eliminar la percepción generalizada, alimentada por el comportamiento observado, de que el riesgo cambiario es bajo y que al final el Central interviene para volver al tipo de cambio “de equilibrio”.

En fin, esta es la primera “prueba” que enfrenta don Rodrigo y, como el paso se muestra andando, sus acciones van a estar siendo muy estudiadas por todos los costarricenses.

Articulo original de CRhoy

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