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G reta Thunberg ha hablado. A sus 16 años de edad nos ha responsabilizado a los adultos por heredarle un mundo contaminado, con temperaturas crecientes, y en los inicios de una extinción masiva de especies. Es confrontativa y dice que su generación nos está vigilando. Si no arreglamos el tema, podría haber una guerra generacional.

Los sistemas morales del mundo, expresados en las diferentes religiones y filosofías, han promovido el hacer el bien. ¿Pero el bien para quién? Al llevarnos a tomar conciencia del prójimo, sistemas como el cristianismo, han puesto frente a nuestra mirada los intereses de “los otros”. Jesús es elocuente: “amarás a tu prójimo como a ti mismo […] todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas … Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced el bien, […] Sed, pues, misericordiosos”.

Sin embargo, al poner esos principios éticos en las leyes, no hemos sido misericordiosos, más que con aquellos que son de nuestra misma “clase”. Por ejemplo, las leyes para proteger los derechos de los trabajadores en Costa Rica en la actualidad, ¿a cuáles trabajadores protegen? Supongamos el caso hipotético de un trabajador del sector público con 25 años de servicio en una empresa estatal de tecnología, con pobres habilidades informáticas, y que da un pobre desempeño (a pesar de que sus calificaciones que sirven de base para ganar las bonificaciones y pluses, como las del 99.9% de sus compañeros, sean “excelentes”). Y supongamos que por otra parte hay 10 jóvenes mucho más calificados que este “viejo funcionario”, que harían un mejor trabajo. Bajo las leyes actuales, el viejo gozará de su privilegiado puesto, en perjuicio de los jóvenes que no tienen acceso a este tipo de trabajos públicos altamente remunerados, y en perjuicio de la sociedad, que tiene que conformarse con un servidor caro y mediocre, no porque el país no tenga ingenieros calificados, sino por los “derechos adquiridos” consagrados en nuestra constitución política. Estos derechos de que goza el viejo, son generacionalmente injustos, pues excluyen del mercado a los jóvenes.

Tristemente, los derechos laborales, en demasiados casos, han sido manipulados para proteger privilegios y alcahuetear a los mediocres. Todos conocemos ejemplos así.

Ahora pensemos en el ámbito de las finanzas públicas ¿Qué ocurre con las leyes que han permitido al gobierno de Costa Rica endeudar al país de modo que por cada mil colones que gasta el gobierno tiene que pedir prestados quinientos? Podemos hacer un análisis similar al de los derechos laborales, y concluir que los viejos hemos hipotecado el futuro de los jóvenes, porque no nos tocará a los de más de 50 años, pagar la factura. Las leyes que han permitido la situación actual, son en efecto, generacionalmente injustas.

¿Y qué ocurre con los sistemas de pensiones? Algo similar, los mayores hemos creado leyes para garantizarnos que los jóvenes tengan que mantenernos a futuro, aún cuando cada vez haya más viejos y menos jóvenes. Salados ellos, tendrán que trabajar duro para mantenernos, y peor aún si somos pensionados de lujo del poder judicial o de alguna universidad estatal. Las leyes de pensiones son de las más injustas que se han creado, generacionalmente hablando.

De ahí el enojo de Greta, ella reclama que los viejos les dejamos un mundo contaminado, con calentamiento global y a las puertas de una extinción masiva, sin importarnos mucho el asunto porque serán ellos, los jóvenes, quienes vivirán las consecuencias nefastas para sus vidas. Ellos tendrán que lidiar con los costos de reparar algo que los viejos “malgastamos”. Algo totalmente injusto para los jóvenes.

Pero así como “el prójimo” que no cuidamos incluye a esos jóvenes, ¿qué pasa con los jóvenes del futuro, y que son la mayoría de los seres humanos que existirán? La pregunta es filosófica, ¿tienen derecho las personas que aún no han nacido? Y no me refiero sólo a los que están en el vientre de sus madres, me refiero principalmente a esa mayoría de personas que ni siquiera han sido concebidas. Si partimos de que ellos no tienen derechos, entonces podríamos contaminar el ambiente lo suficiente como para que los jóvenes de hoy puedan subsistir y así no enojar tanto a Greta y sus contemporáneos y evitar la guerra generacional. Pero si sólo los jóvenes actuales tienen derecho, podríamos vivir con nuestra conciencia tranquila viviendo para que el mundo se destruya en el año 2150, pues ninguno de los seres humanos que existen hoy, estará vivo para ese entonces.

Si por el contrario, aceptamos que tenemos la responsabilidad de heredar un mundo limpio y ecológicamente sostenible para el año 2150, y para los siguientes siglos y milenios, entonces estaríamos reconociendo los derechos de esa mayoría de seres humanos que aún no han nacido. Sólo a partir de este reconocimiento podremos crear un sistema de leyes e incentivos que sea generacionalmente justo.

Lo que propongo es que resulta evidente que esas personas futuras sí tienen derechos, de manera que sus intereses deberían estar representados cuando hacemos leyes y creamos incentivos en el sistema. Aún cuando las personas que escriban las leyes no sean religiosas, o no crean que tienen un deber ante su Creador de heredar un mundo mejor, resulta evidente que sí tienen una obligación de considerar y representar los intereses de las futuras generaciones, aunque estas no puedan hacer bloqueos ni ir a la huelga ni desfilar con pancartas. Sólo así podremos aspirar a la justicia intergeneracional. Los líderes del gobierno, sindicalistas, y líderes empresariales, haríamos bien en reflexionar si estamos siendo misericordiosos con todos esos seres que aún no nos pueden reclamar.

Comuníquese con el autor a través de pablo@britt.com

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Articulo original de crhoy.com