La renegociación del Nafta

Presupuesto reta a la Sala Constitucional
2 Octubre, 2017

L os compromisos de campaña del Presidente Trump de poner impuestos arancelarios de un 20% a las importaciones de China y México significaban romper con la Organización Mundial de Comercio pues habrían sido muy por encima de los aranceles máximos acordados por EEUU con la OMC. Por eso buscó más bien la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Estas son las ventajas de una institucionalidad fuerte de estado de derecho como la que disfruta EEUU, que limita el poder de los gobernantes y evita arbitrariedades.

Las bases para llamar a negociar no tienen sustento racional pues es ilógico pretender que las balanzas comerciales entre cada dos países sean equilibradas. Eso impediría profundizar la especialización internacional y es como si se volviera al trueque. Es como si el sastre quisiera vender en pantalones al carnicero el mismo valor de lo que el carnicero le vende de carne. Y así para todas las transacciones. Pero ante la demanda de uno de los tres socios es lógico que se dé la renegociación y se evite la amenaza de denunciar el NAFTA por parte de EEUU lo que le permitiría retirarse en seis meses, y dejaría vigente el NAFTA solo entre los otros dos socios.

La semana pasada estuve participando en un foro sobre incertidumbre e innovación en el Centro Fox y escuche varias presentaciones sobre esa renegociación, que me han dejado esperanzado en que la misma podría conducir a un resultado positivo y evitar la desintegración de NAFTA.

El objetivo principal que oí de personeros del sector público y del sector privado mexicanos, es que la renegociación debería ser para hacer más productiva a América del Norte. De lo que se trataría es de posicionar a los tres países de NAFTA en una posición más competitiva frente al resto del mundo, pero no aislándose, sino más bien integrándose cada vez más a las otras áreas económicas. Claro, alguno lo presentó como una manera de depender menos de las importaciones de China y de ser capaces de producir una mayor cantidad de los insumos que importan de ese país. Pero en general los planteamientos fueron en la dirección de ganar mercado por la competitividad y no por la protección arancelaria.

Este aspecto me recordó el revivir del Mercado Común Centroamericano después de la crisis de los ochenta, cuando se planteó como una plataforma para comerciar competitivamente con el resto de las naciones, y no para cerrar su territorio con el fin de proteger a las industrias locales, tal como había sido su concepción y vigencia desde su fundación.

Otro tema en el cual encontré mucho acuerdo es que no se debe aceptar cualquier cosa con tal de asegurar la permanencia de NAFTA. La alternativa A, B y C es hacer que México tenga cada vez mayor productividad. Y para todos los casos abrir más su economía.

Por eso a la par de la renegociación de NAFTA señalan la necesidad de terminar la renegociación de su tratado comercial con la Unión Europea para hacerlo más inclusivo; fortalecer la Alianza Pacífica (México, Colombia, Perú y Chile) incluyendo estados asociados como algunos de Asia y Oceanía y poner en ejecución el Acuerdo Transpacífico de Asociación (TPP por su sigla en inglés) originalmente firmado por 12 países, entre los 11 restantes después de que el Presidente Trump retiro del mismo a los EEUU.

Esto último recalca la importancia para Costa Rica de acelerar su incorporación a la Alianza del Pacífico, que ante los retos y obstáculos que se le presentan a la globalización y los peligros del viraje de política comercial internacional de EEUU y Gran Bretaña, se vuelve mucho más importante para nuestra tan pequeña economía, y por ello tan dependiente del comercio exterior.

Veámonos en el espejo de México. Ante los obstáculos a la integración comercial lancémonos con renovado brío a intensificar nuestra incorporación a los mercados internacionales incorporándonos a los más dinámicos bloques comerciales, y eliminando las barreras institucionales que, como por ejemplo en el lamentable caso del arroz, limitan a nuestros consumidores el acceso a bienes con precios más bajos.

Articulo original de CRhoy

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