Lecciones de la (in)efectividad de la política fiscal

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E n la teoría de las finanzas públicas existen acalorados debates sobre la (in)efectividad de la política fiscal. Para algunos economistas, especialmente ligados al pensamiento keynesiano, el aumento del gasto público contribuye a incrementar la demanda interna y con ello la actividad económica y el empleo. Para muchos de ellos el gasto público por sí sólo siempre será bienvenido, con independencia de la situación imperante y de si se trata de egresos corrientes, o de inversión; si es financiado con impuestos, o endeudamiento. En cualquier circunstancia, el mayor gasto público ayudará a la reactivación de la economía.

Para otros economistas más conservadores o liberales, el gasto público a la larga no tendrá beneficios para la economía en general, sino para ciertos grupos en particular. Hay dos teorías con argumentos muy distintos que dudan de las bondades del incremento del gasto público. Por ejemplo, si los mayores egresos gubernamentales se tradujeran en más altos déficits en cuenta corriente de la balanza de pagos (déficits gemelos), ya sea por mayores importaciones o menores exportaciones, no tendría grandes efectos en la actividad económica.

De conformidad con esta argumentación, el financiamiento de los mayores déficits fiscales, provoca una subida de la tasa de interés, lo cual atrae capitales y aprecia el tipo de cambio, abaratando las importaciones y encareciendo las exportaciones, con el consiguiente incremento en el déficit de cuenta corriente (modelo Mundell-Fleming). Si el tipo de cambio fuera fijo, el canal no se daría vía la tasa de interés, sino por un efecto ingreso que presiona el consumo y las importaciones. Al final, las filtraciones externas disminuirían el multiplicador del gasto y con ello el impacto en la producción interna.

La otra teoría que cuestiona la efectividad de la política fiscal es la denominada equivalencia ricardiana, según la cual las mayores erogaciones del gobierno financiados mediante deuda pública, implicarán en algún momento impuestos más elevados para atenderla. Así, aunque los ciudadanos posean más dinero hoy, las expectativas racionales de impuestos futuros, los inducirá a incrementar los montos de ahorro para poder sufragarlos. Este mayor ahorro compensaría exactamente el gasto adicional del gobierno, de modo tal que la demanda agregada permanecería invariable.

¿Cuál es la evidencia de la efectividad de la política fiscal para Costa Rica? ¿Cuál de esas teorías tienen mayor asidero para nuestro país? Es típico que las teorías económicas no sean de aplicación general siempre: en todo momento y en todo lugar. Como la realidad es tan compleja, variable y multifactorial, en no pocas oportunidades podría presentarse una combinación de algunas de ellas. Con el propósito de estimular la investigación futura, se enumerarán algunas primeras conclusiones con base en el conocimiento empírico y el apoyo de gráficos y relaciones.

1.- La política fiscal puede ser más efectiva bajo las siguientes circunstancias:

Existe una elevada capacidad ociosa, alto desempleo de mano de obra y carencia de infraestructura relevante.

El déficit fiscal/PIB y especialmente la razón de deuda/PIB no es muy elevada; es decir, es considerada sostenible por los inversionistas.

Se dedica especialmente a la inversión, pues incrementa la eficiencia y capacidad productiva y es más fácil revertirla en el futuro.

Muchas de estas condiciones se cumplieron en la crisis financiera del 2008/2009; de ahí que en ese momento el aumento del gasto público contribuyó a evitar una mayor caída en la actividad económica y del empleo (Gráfico 1). El problema fue que el estímulo fiscal incrementó los gastos corrientes, poco eficientes y difícil de contener.

2.- La política fiscal es inefectiva y se traduce en desequilibrios de la cuenta corriente de la balanza de pagos (déficits gemelos) cuando:

La economía está muy cerca del pleno empleo de los recursos, incluyendo la mano de obra.

La estructura productiva es poco flexible y diversificada.

Los mayores gastos se financian con emisión monetaria por parte del banco central, o endeudamiento externo.

Prevalece un régimen cambiario de tipo de cambio fijo o muy fijo y surge una importante apreciación real.

La mayoría de estas características se presentaron a lo largo de la década de los setenta y desembocó en la gran crisis de principios de los ochenta. La expansiva política fiscal, aparte de inefectiva para acelerar la actividad económica, debilitó la estabilidad interna y externa, así como la confianza de los inversionistas.

3.- La política fiscal se torna inefectiva cuando los intentos del gobierno por influir en la demanda agregada son compensados por la disminución de la demanda privada (i.e., consumo e inversión). Algunas características son las siguientes:

El mayor financiamiento interno del gobierno va estrujando y desplazando al sector privado.

Las más elevadas tasas de interés presionadas por el Gobierno, estimulan el ahorro financiero y desestimula los proyectos privados.

Los ahorros de fondos de pensiones complementarias y primas de seguros financian gastos corrientes del gobierno, pero reducen la demanda privada.

El endeudamiento externo para financiar gastos corrientes públicos y privados, aprecian el tipo de cambio y reducen la rentabilidad de los sectores comerciables internacionalmente.

Las elevadas cargas sociales, costos de los servicios públicos y trámites van reduciendo la rentabilidad de los proyectos de inversión privados.

La mejora en las finanzas del BCCR y el seguimiento de una cautelosa política monetaria redujeron los excesos de liquidez que prevalecieron hasta la primera década de este siglo.

Muchas de estas condiciones se han presentado durante la última década, donde la expansiva política fiscal ha resultado inefectiva para estimular la demanda agregada, debido a que ha sido más que compensada por la contracción de la demanda privada. No sería una aplicación estricta de la teoría de la Equivalencia Ricardiana, pero con resultados muy similares.

En síntesis, la política fiscal puede ser o no efectiva dependiendo de diversos elementos y circunstancias. A la luz de la presente coyuntura, la principal conclusión es que durante la última década el incremento de los gastos corrientes resultó totalmente inefectivo para dinamizar la economía, generar mayores y mejores fuentes de empleo y crear una sociedad más equitativa.


Al contrario, terminó aumentando el tamaño del sector público; elevando los costos de producción; desplazando la actividad privada; disminuyendo la productividad; incrementado el desempleo y deteriorando la distribución del ingreso. Si bien la misma contracción del sector privado ha evitado la generación de desbalances externos e inflación, los cuantiosos desequilibrios fiscales y el incremento de la deuda amenazan actualmente la estabilidad financiera y el futuro crecimiento. ¡No hay duda, se requiere menos y más eficiente sector público y mayor actividad privada!


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Articulo original de crhoy.com