Mejora PIB del 2021 pero con menor calidad de vida

Desempleo: Una emergencia nacional
27 abril, 2021
Repensar el modelo educativo para una sociedad más desarrollada y equitativa
15 mayo, 2021

E l producto interno bruto (PIB) es la variable macroeconómica que recibe más atención en las estimaciones y proyecciones realizadas por los bancos centrales y organismos internacionales. En términos reales se refiere a la cuantificación de la producción de bienes y servicios en el territorio nacional en un determinado período por todas las personas físicas y jurídicas, residentes y no residentes. Generalmente es utilizado como indicador del bienestar general de los habitantes de un país, pues usualmente tiene alguna relación directa con la inversión, el empleo, el comercio exterior, los salarios y los impuestos. Es la medida más comprensiva del comportamiento general y tamaño de la economía. En términos nominales se emplea para obtener diversas razones en relación con otras series de interés como el déficit fiscal, la deuda pública, el endeudamiento externo, la carga tributaria, etc.

Pese a su gran relevancia y utilidad, este guarismo presenta diversas falencias y limitaciones. No contabiliza los bienes y servicios finales producidos informalmente, ni las actividades no remuneradas como el trabajo doméstico, el voluntariado y el trueque. Tampoco refleja las externalidades, esto es, los beneficios y costes sociales derivados de la actividad económica, como la generalización de los avances tecnológicos, la contaminación, o el agotamiento de los recursos. No mide la calidad de los bienes y servicios y no diferencia si se trata de alimentos, herramientas, viviendas, o armas. Incorpora las actividades contaminantes, la subsecuente limpieza, los delitos, los divorcios, los accidentes, las enfermedades y los desastres naturales que implican grandes gastos para su debida atención. No mide la distribución de la riqueza entre diferentes estratos, e ignora los inconvenientes de una elevada deuda pública y su eventual insostenibilidad.

De conformidad con esos cuestionamientos, las mediciones del PIB deben ser analizadas con profundidad para determinar la bondad de los datos presentados. Dependiendo de los principales factores explicativos, una misma cifra podría tener diferentes interpretaciones; incluso una mayor podría implicar una menor calidad de vida. Aun cuando no es fácil para los que no estamos directamente involucrados en su cálculo, es importante hacer un esfuerzo para evaluarlo. En el Informe de Política Monetaria publicado recientemente por el Banco Central (abril, 2021), la proyección del PIB para este 2021 fue incrementada de 2,6% a 2,9%. Aparentemente la nueva cifra es más positiva y, analizada aisladamente, no se aleja mucho del crecimiento potencial. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que se presenta después de una caída de 4,1% el año previo (la mayor en casi cuatro décadas), cuando se esperaría un significativo rebote, como en la mayoría de economías del mundo. El nuevo pronóstico tampoco recupera ni la mitad del PIB per cápita perdido en el 2020.

Adicional a lo anterior, cuando se realiza un análisis cuantitativo y cualitativo más detallado de los factores determinantes, se confirma la hipótesis de que la leve mejoría en la proyección del crecimiento del PIB de este año, paradójicamente implica una menor calidad de vida actual para la población y menor potencial futuro. El pequeño incremento obedece exclusivamente a la mayor demanda interna, la cual se acelera de 2,4% a 3,3%, casi un punto porcentual adicional. Pero dicho aumento se explica por los mayores gastos de consumo del gobierno (crece 0,8%, en vez de caer 0,6%), debido a las mayores erogaciones en salud asociados a la pandemia; así como a la acumulación de inventarios (suben 0,1%, en lugar de caer 1,2%). La inversión, por su parte sólo se eleva 1,8%, cuando en la proyección inicial crecía 5,2%; en tanto el sector exportador disminuye su dinamismo de 7,4% a 3,8%, especialmente por los menores servicios turísticos.

Ni los mayores egresos para atender la pandemia, ni los inventarios más elevados, que explican el incremento en la demanda interna, implican un mayor disfrute y mejor nivel de vida para los ciudadanos. En el caso del menor dinamismo de la inversión, más bien reduce el potencial de crecimiento futuro. Además, por el lado de las diferentes industrias, buena parte del empuje del PIB se atribuye al fuerte desempeño de las empresas en regímenes especiales, cuyos niveles de encadenamientos y valor agregado son inferiores a las de actividades turísticas que caen de manera significativa. Este cambio en la composición del PIB podría percibirse como de menor calidad, en el tanto genera menos fuentes de empleo y efectos multiplicadores. Si existieran mediciones geográficas del PIB, las zonas rurales y especialmente las costeras, evidenciarían más claramente cifras alarmantes de contracción económica. Finalmente, como durante este año los términos de intercambio se deterioran aún más en la nueva proyección, el ingreso nacional disponible, que es una mejor medida del poder de compra de la población, a lo sumo crecería 2%. Como lo manifestó el senador Robert Kennedy, «el PIB lo mide todo, excepto aquello que hace que la vida merezca la pena».

Comuníquese con el autor a través de: zunigafn@gmail.com

Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de Academia de Centroamérica.

Articulo original de crhoy.com