

E n el artículo anterior, comenté acerca de la evolución favorable de la productividad en Costa Rica durante las últimas dos décadas. En esta ocasión quiero comentar sobre una tendencia muy específica pero que he podido observar con gran satisfacción: la evolución del capital humano en la profesión de economía en nuestro país.
Tiendo, en lo personal, a tratar de buscar tendencias positivas que valga la pena destacar, que me llenen de esperanza, y que contrasten con nuestro impulso humano natural de enfocarnos en malas noticias. En particular, siempre me interesa señalar los cambios lentos pero constantes que ocurren en un período extendido de tiempo.
Cuando ingresé a la Universidad de Costa Rica en el 2001, las personas que estudiábamos escuchábamos sobre economistas fuera del país. Desde ese momento tuve claro que, en producción de investigación económica de Costa Rica podría ser caracterizada por “punch above its weight”, ya que nos podemos comparar con países de mayor ingreso, mucho más grandes en tamaño y con historia más antigua en la disciplina.
Aunque, desde mi perspectiva, el flujo de personas que se dedican a la investigación académica se desaceleró por algún tiempo, en la actualidad existe una nueva generación de nuevos referentes. Algunos de estos colegas se encuentran actualmente vinculados a las mejores universidades del mundo e investigan temas tan amplios como comercio internacional, mercado laboral, política monetaria, cambio climático, violencia, entre otros. La lista completa es, naturalmente, extensa y sería injusto destacar unos nombres sobre otros. Afortunadamente, irá en aumento tomando en consideración quienes están estudiando en este momento.
El trabajo de estos colegas ha tenido un impacto destacado en la investigación con sello costarricense, ya que han tocado temas de interés para las políticas públicas en el país, y ha permitido desarrollar trabajos conjuntos con coautores también de altísima calidad que se encuentran en entidades costarricenses. El crecimiento de esta “diáspora” ha ocurrido simultáneamente a un incremento muy acelerado de la cantidad y calidad de economistas que realizan investigación y trabajan en el país, lo cual ha permitido que el gremio continúe creciendo orgánicamente. Esto ha permitido que se incrementen las oportunidades para estudiantes que han tenido la intención de estudiar en el extranjero. Finalmente, también se ha abierto y explotado la posibilidad de tener voces adicionales en las discusiones sobre políticas públicas.
Este crecimiento de la disciplina se evidencia en, por ejemplo, que por tercer año consecutivo se organice la Conferencia de Economistas de Costa Rica (EconCR), en la cual típicamente se presentan trabajos de investigación y conferencias magistrales de muy alto perfil de investigadores costarricenses, quienes trabajan dentro o fuera del país. La tercera edición será este 15 de diciembre, la cual es organizada conjuntamente por varias dependencias de la Universidad de Costa Rica y el Banco Central de Costa (la cual será su sede).
La investigación y análisis que se realiza actualmente se extiende cada vez a más áreas de la academia y la política pública. Una comunidad en crecimiento y que alcanza de esta manera lo que se podría calificar como una “masa crítica”, merece ser mejor organizada. En otros países existen “Sociedades” o “Asociaciones”, y de la experiencia uruguaya, sé que organizan charlas, foros de discusión sobre políticas públicas y buenas prácticas dentro de la profesión, y sirve además de espacio para conectar estudiantes con profesionales que puedan ofrecerles mentoría para continuar con oportunidades de estudios de posgrado. Quizá nos hace falta dar un paso en esa dirección para garantizar que esta tendencia que celebro en este artículo continúe en esa dirección.
Para finalizar, no tengo la menor duda que ejemplos similares de éxito existen en muchas otras disciplinas. Creo firmemente que las instituciones que preparan académicamente a futuros profesionales deben hacer un esfuerzo deliberado para mejorar la integración a la producción de investigación y docencia a nivel global, desde el país o fuera de este. Costa Rica, afortunadamente, tiene un altísimo y esperanzador “producto potencial académico” que debemos explotar en los siguientes años.
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Publicación original en crhoy.com (14/12/2023)