

E n su última reunión de política monetaria, el Banco Central de Costa Rica (BCCR) revisó su pronóstico de inflación, extendiendo el plazo para alcanzar el rango meta hasta el tercer trimestre de 2025, en lugar del primer trimestre.
No es la primera vez que el BCCR ajusta sus pronósticos y amplía el horizonte temporal para cumplirlos; esta práctica se ha vuelto recurrente. En esta ocasión, la revisión se atribuye principalmente a la disminución de los precios internacionales del petróleo.
Se insiste que el objetivo primordial del BCCR, para algunos el único, es el control de la inflación. Pero es claro que el BCCR no tiene control total de esta variable, ni en el mediano y menos en el corto plazo. En los últimos 60 meses, por ejemplo, no se ha alcanzado el rango de tolerancia ni en 15% de las observaciones (menos de 9 veces).
No debería sorprender que esto ocurra, ya que en una economía pequeña, abierta, poco competitiva, regulada, los determinantes de la inflación son diversos y de distinta naturaleza. Por ejemplo, una parte significativa del indice de precios al consumidor (IPC) está constituida por bienes regulados; otra depende de condiciones externas; algunos están influenciados por el tipo de cambio; otros por choques de oferta, o por expectativas, etc.
Por lo tanto, sería presuntuoso, e incluso fantasioso, afirmar que el BCCR tiene un control total sobre esta variable. Dado que cumplir con los pronósticos es complicado, el BCCR debería ser el primero en reconocerlo para no perder credibilidad. Quizás sea recomendable realizar un acto de contrición y llevar a cabo un análisis exhaustivo para clarificar esta situación.
El análisis constituye un gran desafío, especialmente considerando que es el enfoque adoptado por los principales bancos centrales del mundo en las últimas décadas y por el mismo BCCR desde hace muchos años. En el fondo se trata de tropicalizar el enfoque para hacerlo más pragmático y menos dogmático.
Es crucial identificar qué parte del IPC, o qué otros indicadores de presiones inflacionarias, pueden ser influenciados indirectamente por las políticas del BCCR. Siempre me he inclinado por un enfoque amplio, donde incluso tengan cabida, por ejemplo, los precios de los bienes raíces.
Una vez realizadas las aclaraciones anteriores, a la luz del esquema actual, el hecho de que la inflación haya sido negativa durante casi un año y ubicarse por debajo del rango meta durante dos años, sugiere que el BCCR se ha excedido y mantenido una tasa de política monetaria más elevada para alcanzar su objetivo.
Finalmente, mi reflexión es que, al centrarnos exclusivamente en la inflación, podríamos estar perdiendo de vista un panorama más amplio. Esto nos impide analizar el entorno global y aprovechar la oportunidad de implementar políticas más significativas para mejorar el desempeño de la economía.
Así, hemos dejado de proponer políticas de cambios estructurales que aumenten la eficiencia y competitividad del sector financiero, y existen numerosas iniciativas pendientes en este ámbito.
Envíe sus dudas o comentarios a academia@academiaca.or.cr.
Las opiniones expresadas en esta publicación son del autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de la Academia de Centroamérica, su Junta Directiva, ni sus asociados.
