

R ecientemente, la OCDE ha publicado su último informe sobre las pruebas PISA (Programa para la Evaluación de los Alumnos) de 2022. Las pruebas miden el conocimiento y la capacidad de razonamiento de jóvenes, en 3 grandes áreas: Matemáticas, Lectura y Ciencias; en múltiples países y regiones del mundo (un total de 80 participaron).
Si la ciencia económica inició su camino con una “Investigación sobre la Naturaleza y Causa de La Riqueza de las Naciones” (texto completo de la obra de Adam Smith de 1776); cabe preguntarnos si el informe nos permitiría indagar sobre la naturaleza y causa del éxito de la Educación en las sociedades contemporáneas.
No da para tanto, pero repasar los números a lo largo del tiempo en un mismo país y entre distintos países, a partir de parámetros equivalentes; nos permiten al menos vislumbrar algunas hipótesis preliminares.
¿Qué han hecho y cuáles son las condiciones que explicarían el éxito relativo de los primeros países o regiones del mundo en esas pruebas? ¿Qué nos podría explicar nuestro retraso relativo más allá del retroceso de casi todos los países a causa de la Pandemia?
Empecemos por los resultados. En matemáticas, Singapur (575 puntos), Macao, Taiwán, Hong Kong, Japón, Corea superan los 527 puntos frente a los 385 de Costa Rica (Estonia y Suiza, superan también los 500 puntos). En lectura, los resultados son equivalentes: Singapur (543 puntos), Taiwán, Japón, Corea, Estonia, Macao y Hong Kong; superan los 500 puntos, mientras Costa Rica alcanza los 415 puntos. En Ciencias, prácticamente lo mismo: Singapur (561 puntos), Japón, Macao, Taiwán, Corea, Hong Kong, Estonia, Canadá, Irlanda, Suiza, Nueva Zelanda, Finlandia, Australia, superan los 500 puntos; mientras que en Costa Rica apenas llegamos a los 410 puntos.
Se trata de diferencias abismales. Estos resultados muestran que los jóvenes de 15 años de países como el nuestro, quedan muy por debajo en lógica matemática, científica y de lectura, respecto de los países punteros. A) ¿A qué se debe? Y si nos comparamos con nosotros mismos, B) ¿a qué se debe que Costa Rica haya caído desde 2010 hasta el último informe? Me aventuro a enumerar algunas hipótesis:
Por lo pronto, anotemos que el primer país (Singapur) es tropical, multi lingüístico y con alto nivel migratorio (más del 15% de su población no nació en Singapur), de tradición confuciana, mayoritariamente budista, con alto crecimiento económico, capitalista (alta calificación en libertad económica), con bajos niveles de pobreza y de desigualdad, inversión educativa alta (en términos absolutos), sistema político híbrido (no califica como democracia, aunque tampoco como régimen autoritario).
Pero, al mismo tiempo, muchos países que califican muy alto no son tropicales y tienen climas templados (Japón, Corea, Estonia, Nueva Zelanda, Suiza, Suecia; por ejemplo). Aunque los primeros países son de tradición budista, muchos países asiáticos que califican más abajo también lo son (Malasia, Tailandia, Camboya, por ejemplo), y algunos otros países que califican alto son de tradición cristiana (Estonia, Suiza, Suecia, Nueva Zelanda, por ejemplo), y no son de tradición confuciana.
El modelo político es variado: por ejemplo, Macao, Hong Kong y Singapur, no califican como democracias; pero Japón, Corea, Taiwán, Estonia, Suiza, Suecia o Nueva Zelanda sí califican como democracias. De hecho, en promedio, los países más democráticos de nuestro continente, como Canadá, Uruguay, Costa Rica, Chile o Estados Unidos; califican mucho mejor en educación, que los países autoritarios o los regímenes híbridos de nuestro continente. Lo mismo ocurre en Europa.
Los países con mejores resultados de las pruebas PISA (disculpen los socialestatistas), son todos prácticamente capitalistas. Es decir, todos los que califican por encima de 500 puntos en las tres áreas, califican alto en libertad económica; y los que califican más abajo, tienen mucho menos libertades económicas.
Los primeros países tienen altos niveles de inversión educativa en términos absolutos, pero la proporción del PIB en educación en muchos de ellos es inferior o equivalente a las de Costa Rica. Y, a decir verdad, aunque la inversión en educación haya caído del 7.2% del PIB en 2018 a cerca del 6% en 2013 (ver Informe del Estado de la Educación), lo cierto es que entre la primera medición de PISA en nuestro país (2010) y la anterior (2018), la inversión del PIB en educación había subido sustancialmente (de poco más del 5% al 7,2%) y, sin embargo, entre ambas mediciones, los resultados empeoraron significativamente.
Por otra parte, aunque existen algunas excepciones (Vietnam o Perú, por ejemplo), es verdad que existe una relación entre inversión educativa (medida en términos absolutos) y los resultados educativos. Hay que destacar, además, que el aumento de la inversión educativa tuvo un efecto positivo en el aumento de la escolaridad en nuestro país (años de estudio promedio de nuestros jóvenes).
Los primeros países tienen mayores niveles de igualdad económica (son más equitativos en términos de coeficiente Gini), y tienen menores niveles proporcionales de pobreza que en nuestro país.
Demás está decir que sus modelos educativos difieren entre esos primeros países. Singapur, Corea, Taiwán, Letonia o Suiza; por ejemplo, tienen modelos educativos diferentes entre sí.
Las pruebas PISA nos desnudaron una vez más. Aun sin contar las evaluaciones del 2022 (publicadas en 2023), y solo tomando en cuenta las anteriores (2018 o 2010), para no sesgarlas con los efectos del parón educativo del año 2018 (huelga del Magisterio) o de los años 2020 y 2021 (Pandemia de Covid-19); lo cierto es que ha caído significativamente la calidad de nuestra educación.
Los dirigentes político-educativo tenderán a echarle la culpa a causas ajenas a sus responsabilidades actuales. Los argumentos gremiales tenderán a destacar las diferencias que atribuyen nuestro fracaso relativo a causas exculpatorias a su papel en el sistema educativo. Pero no interesa encontrar culpables, sino respuestas. Nos interesan las lecciones aprendidas de los éxitos y los fracasos propios y ajenos. Empecemos por ahí.
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Publicación original en crhoy.com (13/12/2023)