

Los aumentos del precio del oro y la plata desde comienzos de 2025 han llevado a algunos expertos a hablar de "debasement trade" o pérdida de valor de las divisas, en particular del dólar estadounidense. ¿Qué muestran los principales indicadores y cuáles pueden ser las causas de esa evolución?
El precio del oro, que a fines de 2024 era cercano a $2.700 por onza, llegó casi a duplicarse para enero de 2026 y ahora ronda los $5.000. En el mismo período, el precio de la plata tuvo un crecimiento aún mayor, casi triplicando su valor.
En el pasado reciente, importantes aumentos en el precio de estos metales han estado asociados con bajas tasas de interés. Sin embargo, a pesar de las reducciones en la tasa de la Reserva Federal de EE.UU. desde fines de 2024, esa tasa no se encuentra en niveles históricamente bajos, como los observados después de la crisis financiera hipotecaria (subprime) o durante la pandemia.
Además, la reducción de la tasa de interés de largo plazo, medida por el promedio de las tasas hipotecarias a 30 años en EE.UU., fue menor que la efectuada por la Reserva Federal en el período analizado.
Otra variable a considerar es el rendimiento de los índices accionarios. Desde mediados de enero de 2025, el índice correspondiente a EE.UU. se incrementó cerca de un 16%, un porcentaje inferior a los respectivos índices de la zona del euro (17%), Canadá (31%) y Japón (37%). La desventaja de la bolsa estadounidense es aún mayor si se considera la depreciación experimentada en el período por el dólar frente al euro, al dólar canadiense y al yen.
Posiblemente por esta razón algunos inversores, incluso estadounidenses, al temer la erosión de sus activos, estén aumentando su diversificación fuera de EE.UU. Algunos analistas sostienen que ciertas decisiones de diversificación responden a estrategias de cobertura y no a un abandono de inversiones en ese país.
Entre las posibles causas de esta evolución se encuentran el temor a un mayor déficit fiscal, la cautela ante un incremento en los niveles de inflación y la incertidumbre sobre el impacto en la economía de una política comercial volátil.
Desde 2001, EE.UU. ha registrado crecientes déficits fiscales, a pesar de la reducción observada después del pico asociado al período de la pandemia. En 2025 se redujeron 22.000 puestos en el Servicio de Impuestos Internos (IRS), cerca de un sexto de su fuerza laboral. Según el Laboratorio de Presupuesto de Yale, esa reducción redundaría en una caída en la recaudación de $10 millardos en 2026 y de $20 millardos para 2029.
Durante 2025 se aprobó una ley (OBBBA), con un esperado impacto fiscal negativo entre 2025 y 2034. Si bien en 2025 se obtuvo un ingreso adicional por el incremento de aranceles a las importaciones, la reciente resolución de la Corte Suprema de Justicia, que declaró inconstitucionales esos aumentos, ha generado dudas sobre si lo ya recaudado (0,3% del PIB) será restituido y en qué momento. La Corte Internacional de Comercio de EE.UU. será la responsable de tomar una decisión al respecto, con potencial impacto adicional sobre el déficit fiscal.
Esta acumulación de déficits fiscales se refleja en una deuda creciente, tanto en términos nominales como en su relación con el PIB, razón que desde 2013 supera el 100%. Los temores a mayores déficits y a una deuda creciente redundan en mayor inseguridad para el inversor.
La inflación anual superó el 5% en 2021 y 2022 como consecuencia de políticas destinadas a aminorar el impacto de la pandemia. Desde entonces se ha desacelerado, pero aún se mantiene en niveles que se desea reducir. La fricción entre la Reserva Federal y el Ejecutivo sobre la reducción de tasas de interés, en un contexto en que todavía no se ha logrado el objetivo de inflación, también ha generado inquietud entre los inversores.
Además, la volatilidad de la política comercial de EE.UU. atemoriza a los inversores. Incluso después de la reciente resolución de la Corte Suprema, se anunció un incremento generalizado de aranceles del 10%, que en menos de 24 horas se incrementó al 15%, sin que exista aún certeza sobre el momento y la forma de implementación. Esta volatilidad genera un clima de incertidumbre que no promueve la inversión.
A pesar de potenciales escenarios de mayor déficit fiscal, obstáculos para reducir la inflación y volatilidad en su política comercial —factores que pueden afectar el valor del dólar y de los bonos del Tesoro—, la economía de EE.UU. seguirá teniendo un rol destacado en el mundo. Sin embargo, al ser el principal destino de las exportaciones de Costa Rica, con cerca del 50% de los bienes exportados y una concentración aún mayor en instrumental médico, sería prudente redoblar los esfuerzos ya existentes para diversificar bienes y mercados, con el fin de reducir riesgos.
Las opiniones expresadas son del autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de la Academia de Centroamérica, su Junta Directiva ni sus Asociados(as).
Publicación original en CR Hoy.