

Costa Rica enfrenta uno de los principales desafíos de su desarrollo: generar suficientes buenos empleos para sostener el crecimiento económico, fortalecer la clase media y preservar la cohesión social en un contexto internacional marcado por la acelerada transformación tecnológica, la automatización y la inteligencia artificial.
La estrategia de apertura económica, atracción de inversión extranjera y promoción de exportaciones sofisticadas permitió al país desarrollar sectores altamente dinámicos y convertirse en una de las economías más sofisticadas de América Latina.
Sin embargo, una parte importante de la población continúa ocupada en actividades de baja productividad, alta informalidad y escasas oportunidades de movilidad social. Además, aunque la tasa de desempleo ha disminuido en los últimos años, esta mejora debe interpretarse con cautela. La reducción del número de personas desempleadas ha estado acompañada por una menor participación laboral y una tasa de ocupación que continúa siendo relativamente baja en comparación con los estándares de países de la OCDE. En otras palabras, parte de la reducción del desempleo refleja también que muchas personas han abandonado la búsqueda activa de empleo o permanecen fuera de la fuerza de trabajo.
El verdadero reto del mercado laboral costarricense no es únicamente reducir el desempleo abierto, sino aumentar de manera sostenida la tasa de ocupación y la participación laboral mediante la creación de buenos empleos que atraigan a quienes hoy permanecen al margen del mercado de trabajo.
Desde la perspectiva del pensamiento complejo de Edgar Morin, este desafío no puede entenderse como un problema exclusivamente laboral, educativo o empresarial. La generación de buenos empleos es el resultado de múltiples interacciones entre productividad, educación, innovación, transformación tecnológica, instituciones, género, territorio y cohesión social. En los sistemas complejos, las causas y los efectos se retroalimentan continuamente y las soluciones sectoriales o fragmentadas suelen producir resultados limitados o incluso consecuencias no previstas. Por ello, el desafío de los buenos empleos exige un enfoque integral y una mayor coordinación entre las políticas económicas, sociales y productivas (Morin, 1990; Morin, 1999; Morin, 2005).
Esta nota estratégica sostiene que Costa Rica cuenta con capacidades institucionales, financieras y empresariales para enfrentar este desafío. El documento analiza la magnitud del problema, resume la evidencia internacional, identifica oportunidades estratégicas y propone una agenda de políticas públicas orientada a fortalecer la productividad, la innovación, la formalización y la generación de buenos empleos en los servicios.
